¡Cuánta sinceridad te corre por las venas!
Ponés dudas en tus propias certezas.
Cuidado con tu seguridad,
que se puede domesticar por tu falta de fe.
Y si en algún lugarcito, ahí adentro,
encontrás amor,
seguro no fue tuyo el milagro.
Convencerte del suceso que gobierna tu razón
a veces favorece tu cabeza
a pensar sin el corazón.
No te empapes de tus voces,
que de a poquito, de a poquito
te cubren como el rocío
a las flores de mañana.
Hacete secar de tu ignorancia.
Tu fe es vaga, ¡ponela a trabajar!
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