viernes, 29 de octubre de 2010

Una zamba poética


Esta tarde de madera
que llora al cielo enjaulado
hace a veces de florero
para el desamparo.
Cuentan que un día de aquellos
el sol se fundió en las nubes,
y los que esperaban verlo
se fueron pensando:
cuánto dolor contenían
sus rayos cansados.
Al transcurrir de otro día
fueron juntándose nubes,
y el sol no estuvo invitado,
pero preparado
salió a ver el día.
Las nubes al enterarse
le hicieron cerrar el paso,
donde el ponía un rayito
ellas lo cubrían con sus pomponcitos.
Y el sol pudo más
que las nubes.
Con ese brillo armonioso
ni una nubecita se quiso quedar.
Y en ese mismo momento
el sol quedó libre
y se puso a cantar....

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