jueves, 30 de junio de 2011

Dos veces


Había una vez dos veces, hermanadas en el amor de una amistad.
Ellas miraban por las ventanas al cielo buscando al sol para saludarlo en el día, mirando la luna para despertarse al sueño.
Cada vez miraba con ojos distintos: La primera vez miraba reflexionando, la segunda vez miraba sonriendo.
Miraban y sonreían, pero hubo veces envidiosas de su alegría que pensaron en cómo demorar su amistad.
Buscaban y buscaban la manera de romper sus lazos. Intentaron muchas cosas, desde el fuego hasta las rosas. Inventaron lágrimas copiosas y mojaron sus casas inundando todo el suelo, demorando el consuelo y vaciando lo seco para asustarlas un poco.
Pero las dos veces de cada trampa sacaron colores: del fuego el rojo, de las rosas amarillo, tanto del agua el verde como de las lágrimas violeta, y pintaron una silla para sentar a la belleza.
La primera vez, siempre pensaba al revés: buscaba las luces adentro del agua, se comía el carozo de las aceitunas, y subía bajando, silbando en pantuflas.
La segunda vez corrió muy rápido porque quería volar flotando. Miró para un lado, miró para el otro (a veces le hablaba a los pájaros, a veces al otoño)
Las dos veces soñaban con vivir en algún día en una casa ventana con duendes soñadores, con plantas de manzana, con flores de colores y sillas, muuuuchas sillas, para que se siente la belleza, para que se siente el sol, la luna y todas las estrellas.

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